24 Junio 2026
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Unpopular opinion: los fuegos artificiales ya están anticuados

Unpopular opinion: los fuegos artificiales ya están anticuados

Fuegos artificiales en Badajoz hace una década / 7Días

 

La cancelación de los tradicionales fuegos artificiales de San Juan en Badajoz ha generado, como era de esperar, una oleada de críticas. Las redes sociales se han llenado de mensajes de indignación y de quienes consideran que se ha arrebatado a la ciudad una de sus estampas más características. Sin embargo, quizá sea momento de decir algo que muchos piensan, aunque pocos se atreven a expresar en voz alta: los fuegos artificiales han dejado de tener el protagonismo y la magia de otras épocas.

 

Hubo un tiempo en el que contemplar un castillo de fuegos era un acontecimiento extraordinario. Era un espectáculo capaz de reunir a miles de personas y de provocar auténtica admiración. Pero los tiempos cambian. Hoy vivimos rodeados de estímulos visuales constantes, de pantallas, de tecnología y de experiencias cada vez más sorprendentes. Para una gran parte de la población, especialmente para los más jóvenes, los fuegos artificiales ya no generan ese efecto de asombro de antaño. Son, simplemente, unos minutos de luces en el cielo.

 

A ello se suma una realidad que cada vez se tiene más en cuenta: el impacto que tienen sobre muchas personas. Hay niños y adultos con trastornos del espectro autista, personas mayores, ciudadanos con determinadas patologías o con una elevada sensibilidad al ruido que viven estos espectáculos con auténtica angustia. Lo que para unos es una fiesta, para otros supone una experiencia desagradable e incluso un episodio de ansiedad.

 

Y no podemos olvidar a los animales. Cada año, las asociaciones protectoras recuerdan el sufrimiento que provocan las explosiones. Perros y gatos que tiemblan, que intentan esconderse, que se desorientan o incluso que llegan a escaparse de sus hogares presa del miedo. Tampoco la fauna urbana y silvestre es ajena a este impacto. El debate sobre los fuegos artificiales ya no es únicamente una cuestión de gustos, sino también de convivencia y de sensibilidad hacia quienes los padecen.

 

En esta ocasión, además, la suspensión no se ha debido a una decisión caprichosa. Supuestamente, la normativa autonómica y el elevado riesgo de incendios hacían inviable su celebración. En una región que cada verano se enfrenta a temperaturas extremas y a un peligro constante de fuego, la prudencia debería ser un valor indiscutible. Anteponer un espectáculo de apenas unos minutos a la seguridad colectiva resulta difícil de justificar.

 

Quizá el verdadero problema sea que nos cuesta aceptar que algunas tradiciones evolucionan o, sencillamente, dejan de tener el mismo sentido que tuvieron en el pasado. Nadie cuestiona el valor sentimental que los fuegos artificiales tienen para muchas personas, pero el apego a una costumbre no debería impedirnos reflexionar sobre si sigue siendo necesaria o si existen alternativas más acordes con la realidad actual.

 

Muchas ciudades ya están apostando por espectáculos de drones, proyecciones de luz o formatos menos invasivos y más sostenibles. Son propuestas que mantienen el carácter festivo, reducen los riesgos y minimizan las molestias. Tal vez el futuro de las celebraciones populares vaya precisamente por ahí: por reinventarse sin perder su esencia.

 

Por eso, y aunque pueda sonar a auténtica opinión impopular, quizá la cancelación de los fuegos de San Juan no sea la tragedia que algunos han querido ver. Tal vez sea una oportunidad para abrir un debate que lleva años sobrevolando nuestras fiestas y para asumir que, en ocasiones, las tradiciones también necesitan evolucionar.