25 Agosto 2026
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OPINIÓN: Fundación Weber, tauromaquia y conservación de la naturaleza

Francisco R. Blanco Coronado

25 de Agosto de 2026

OPINIÓN: Fundación Weber, tauromaquia y conservación de la naturaleza

Toro de lidia en una plaza de toros / Archivo

 

Llevo en el mundo de la conservación de la naturaleza desde 1973, desde que se creó el primer grupo conservacionista de Extremadura, y uno de los primeros de España. Lo denominamos “Quebrantahuesos”, en honor de este buitre extinguido en la región a principios de siglo.

 

Después fui cofundador de AEXAN (Asociación Extremeña de Amigos de la Naturaleza), de efímera vida, y de ADENEX (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura), de la que fui secretario general desde 1978 a 1998. Actualmente, soy presidente de FONDENEX (Fondo para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural de Extremadura), constituida en 2023.

 

En estos cincuenta años he mantenido magníficas relaciones con ornitólogos suizos y entidades helvéticas dedicadas a la conservación, especialmente de las aves.

 

Tuvimos grandes mecenas que aportaron importantes sumas económicas a proyectos de conservación en Extremadura: Werner Grossman; Ernst Zimmerli, que además era editor de la revista “Vöger der Heimat”; Richard Steiner, Silvana Bolli y Jost Bullhman.

 

Gracias a ellos, se adquirieron tierras en las sierras centrales de Badajoz para la protección de las aves rapaces, se creó el primer centro de recuperación de fauna silvestre de Extremadura o se consolidó la protección del aguilucho cenizo.

 

Nunca buscamos a estas magníficas y entrañables personas. Ellas vinieron a nosotros al conocer nuestra actividad y nuestros proyectos.

 

También fui presidente del Consejo Ibérico para la Defensa de la Naturaleza, que agrupaba a las principales entidades conservacionistas de Portugal y España. Pues ni en mi época de secretario general de ADENEX (1978-1998) ni de presidente del Consejo Ibérico (1986 a 1998), jamás oímos hablar de la Fundación Franz Weber (FFW), ni conocimos sus proyectos de conservación de la naturaleza en España. Teniendo en cuenta nuestros contactos con importantes conservacionistas suizos, no es muy normal. Nunca ellos se refirieron a FFW.

 

Esta fundación se constituyó en 1975 y, además de tener entre sus fines la conservación de animales, bosques y paisajes, también se dedica a la protección de la infancia, aspecto muy loable.

 

Parece que otro de sus fines es ir contra las corridas de toros, y ha protestado enérgicamente porque se rebaje la entrada a estos espectáculos taurinos a los menores, aduciendo el posible daño psicológico que se les puede causar por la “exposición a la violencia inflingida a los animales”… por “alteraciones en su comportamiento… y “riesgo de que el niño sufra angustia e incluso efectos traumáticos originados por la exposición de agresiones violentas hacia… animales”, pudiendo contribuir “a la normalización de la violencia”.

 

Confieso que llevo asistiendo a corridas de toros desde que tenía cuatro años con mis padres, y nunca he tenido “daños psicológicos” por ello, ni “alteraciones en mi comportamiento”, ni “angustia”, ni “efectos traumáticos”.

 

Mi evolución fue amar la tauromaquia, a los toros y dedicar una parte de mi vida a defender a las aves rapaces, las cigüeñas, los lobos, las grullas, los buitres… y hasta la foca monje del Mediterráneo, en cuyo proyecto participé.

 

La otra parte de mi vida la he dedicado a proteger a las embarazadas y sus fetos, como ginecólogo que soy.

 

Vamos a centrar el tema: Extremadura cuenta con casi un millón y medio de hectáreas de dehesas de encinas (principalmente), alcornoques y otras especies. De esta cantidad, unas 60.000 se dedican a la crianza y, no lo olvidemos, a la conservación del toro bravo. Casi 300.000 hectáreas tienen como finalidad en España albergar ganaderías de toros de lidia, y en los campos extremeños tenemos casi el 20% de esta superficie, con unos 120 hierros.

 

En cuanto a biodiversidad, una dehesa es un “arca de Noé”. No solo hay que considerar los animales silvestres que crían en nuestros encinares y alcornocales adehesados, sino los que se alimentan en estos hábitats. Joyas de la fauna ibérica, como el sapo partero ibérico o “sapillo de los encinares”, endemismo que a nivel mundial solo vive entre las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana; el elanio azul, una de nuestras rapaces más escasas y valiosas, que nidifica en encinas de dehesas aclaradas; multitud de aves insectívoras, etc. Pero las dehesas son territorios de caza fundamentales para la supervivencia de muchas especies en peligro de extinción, como el águila imperial ibérica, el águila perdicera, carroñeros como el buitre negro o mamíferos como el lince ibérico. Y en invierno, albergue fundamental para aves procedentes del norte de Europa, con las grullas como símbolo.

 

El futuro de miles de hectáreas de dehesas en España depende del toro bravo, y este, de la existencia de las dehesas. Muchas fincas de encinares no habrían llegado hasta nosotros, en el siglo XXI, si no se hubieran dedicado al toro de lidia: este fue un eficaz defensor de nuestras dehesas cuando en los años sesenta y setenta del siglo pasado, uno de los “deportes nacionales” era arrancar encinas bajo la permisividad (y hasta impulso) del ICONA y del IRYDA. El toro bravo ha sido un elemento fundamental para conservar, no solo nuestras dehesas, que se disponen en los terrenos llanos, sino los bosques y matorrales mediterráneos que normalmente las circundan, situados en las laderas de las sierras, hábitats de reproducción de especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios muy valiosas.

 

La tauromaquia, arte de lidiar toros, posibilita la crianza y la conservación de una especie única en el mundo, porque estos orgullosos animales, no sirven para otra cosa que para ser lidiados. Es decir: si no existieran corridas de toros, el toro bravo posiblemente desaparecería o se vería relegado a una población residual y testimonial, como la blanca cacereña, una joya que esperemos que no desaparezca.

 

No puedo terminar esta exposición sin hablar de dos factores. El toro de lidia da trabajo directo en España a unas 60.000 personas, que en su mayoría viven en el mundo rural y con su presencia evitan ese despoblamiento de muchas localidades que tanto preocupa hoy a la sociedad, y esto no se puede olvidar, pero es que, además, son muchas más las que se benefician del toro bravo, ya que si consideramos a las familias de los trabajadores, se podría alcanzar, en una estimación a la baja, casi 200.000 personas.

 

No me gusta el sufrimiento de los animales, por supuesto, he dedicado gran parte de mi vida a evitar la desaparición de especies salvajes en peligro de extinción y razas domésticas ya casi desaparecidas, pero al ver una corrida de toros, ese duelo entre animal y hombre, ese arte que es el toreo, a muchos de nosotros nos emociona, y cuando se indulta un toro, es la mayor satisfacción que podemos tener los que somos partidarios de la tauromaquia. Un toro de lidia es feliz en la dehesa los años que vive en ella, normalmente de tres a cinco, más que un perro en un piso o un loro en una jaula. Los defensores de la tauromaquia respetamos la opinión de los antitaurinos, pero nos gustaría que vieran mucho más allá de la mera presencia de un toro en una plaza: que imaginen a ese animal bravo en medio de una dehesa, un mundo de biodiversidad al servicio del mundo rural, es decir, del hombre.

 

La Fundación Weber tiene mucho campo en Extremadura para actuar, y no solo contra las corridas de toros: oponerse a la central nuclear de Almaraz, que contamina con isótopos radiactivos su entorno; oponerse a la colonización de plantas fotovoltaicas y eólicas de los parajes naturales más sobresalientes de Extremadura; oponerse a la destrucción de los humedales para su sustitución de cultivos leñosos; oponerse a la plantación de pinos en sustitución del bosque mediterráneo; oponerse a urbanizaciones en Monfragüe; oponerse a la reducción de la superficie de los espacios naturales protegidos; oponerse a la caza de la tórtola o la codorniz… El único problema no es la tauromaquia…

 

He visto el amplio equipo de la fundación, directores, jefes de campañas y sedes diseminadas por muchos países. Me gustaría saber si son asalariados o voluntarios, porque yo en mi vida he cobrado un euro por defender la naturaleza y los animales, sino todo lo contrario.

 

Y otra pregunta: ¿Cuál es la posición de la FFW sobre el aborto como método anticonceptivo? Porque, salvo casos de malformaciones fetales incompatibles con la vida extrauterina, ¿admite la Fundación acabar con la vida del no nacido? A mí siempre me sorprende que casi todos los antitaurinos estén a favor del aborto o sean indiferentes.

 

Y por último: la angustia y la violencia psicológica no atañen solo (y teóricamente) a los niños que asisten a los toros, sino que es generalizada en aquellos que no pueden utilizar su lengua materna, el español, en Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Baleares. ¿De eso no se ocupa la Fundación?